Escribir desde
adentro… desde las tripas anudadas.
Vomitar en
el papel: sangre, tinta, huesos y plumas de aves quemadas (sobrantes de un exorcismo
inconcluso)
Escribir porque
las palabras taponean las venas… se reúnen en la yugular y ya no hay cómo drenarlas
amenazando con una épica explosión sobre el comunicado oficial a medio escribir.
Las palabras
se negaron a ser lágrimas transformistas emitidas en carcajadas…se negaron a
ser libélulas liberadas en una noche en el desierto… se negaron a morir en el
fondo de un vaso de tequila.
Las palabras
se formaron y se fueron quedando en sus venas… comenzaron a tener vida propia y a respirar robándose su oxígeno. No importa si habla 3 horas
seguidas ante una audiencia aburrida o
las ocultas bajo un vientre laxo… no se desarman, no se disuelven, no
desaparecen…
Y cuando las palabras la ahogan.. sólo le queda una
única tabla de salvación: escribir

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